Acerca de la Incapacidad de Amar
¿Quién curará semejante enfermedad?
¿En que clase de médicos deberemos transformarnos?
Que sea el fuego
de la pasión y la sabiduría
el que alumbre nuestro camino
porque sino lo hará el de la locura
y la destrucción.
Es muy probable que toda nuestra sabiduría sea casi nada frente a la magnitud de todo lo que deberíamos saber y conocer, pero, al menos una cosa si podemos afirmarla con certeza, si no trabajamos duro y con tenacidad en la destilación de lo mejor de lo humano en cada uno de nosotros y en las estructuras sociales de las que formamos parte, entonces prevalecerá lo peor. Eso es lo que está sucediendo y si no logramos revertirlo, lo humano, todo, incluido lo mejor de nosotros, tenderá a colapsar. Esta reflexión esta destinada a difundir este mensaje de la manera más directa y clara que nos sea posible, sin caer en golpes bajos ni en agitaciones que sólo conducen al debilitamiento y el error.
Buscamos, dentro de lo que nos es posible, transmitir todos los elementos que están a nuestro alcance para que la mayor cantidad de nosotros tengan la opción de elegir aquello que pueda ser más afín con nuestras esencias, a eso llamaremos “lo mejor o el bien”, lo cual, desde ya lo diremos nunca es lo más cómodo y mucho menos, lo más fácil. Seguimos creyendo en la reunión para compartir dudas, temores y angustias, en la reunión para nutrirnos e intercambiar nuestras pequeñas cualidades es la vía por la que debemos avanzar al amparo del fuego de nuestras pasiones jugadas en función de la vida, de toda esta vida y de toda esta inexplicable eternidad de la que formamos parte. Para ello para buscar y ayudar a encontrar en nosotros y en los otros lo más humano que nos constituye estamos pensando y vamos construyendo nuestro Proyecto Delta. Esperamos que se sumen todos los que compartan estas reflexiones.
La pregunta primera.
¿A quien le interesa hoy, ser sabio?
¿A quien le interesa acceder a un mayor conocimiento de si, del mundo, de los otros, de las motivaciones por las cuales suceden o no las cosas?
¿A quien le interesa transitar su vida por el camino que lleva a la producción de conocimiento?
¿A quien le interesa acceder a la conciencia exasperada de ser, de estar siendo lo efímero de la eternidad?
¿A quien le interesa desarrollar y alcanzar la visión descarnada de cómo son las cosas en si?
¿A quien le interesa elegir el camino de la mayor altura, ese que corresponde a las mayores profundidades, el de la nobleza del corazón, aquél del despliegue de lo mejor que seamos capaces de desarrollar como sujetos humanos?
¿A quienes les interesa? Necesitamos saberlo porque esos son los destinatarios de estos escritos, de esta alegría de seguir construyendo. De toda esta sana y potente curiosidad. Ellos son los futuros alumnos, los futuros amigos, los compañeros imprescindibles, aquellos que continuarán esta obra, este sentimiento lanzado en búsqueda de sentido. Ellos, sus cuerpos, son los destinatarios de la posibilidad, de transitar por ciertas zonas de la existencia, que anida en lo humano a pesar del despliegue de tanta barbarie, ignorancia y estupidez. Todo eso que es lo más fácil, ya que el mal es más fácil, más sencillo, rápido y eficaz. En efecto para matar a un ser humano basta con el tiempo necesario para apretar un gatillo, un detonador, mientras que construirlo, formarlo, lograr de él lo mejor, lleva toda una vida y nada puede garantizarlo.
La pregunta que sigue es:
¿A quien no le interesa que lo humano logre lo mejor de sí? o para decirlo de otra forma ¿Quiénes se benefician de la situación actual en la que las grandes mayorías de la población mundial, millones y millones de sujetos, son mantenidos en niveles de mínima o nula educación, salud y desarrollo de sus potencialidades?
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En efecto, estamos refiriéndonos a aquellos incapaces de amar.
La Incapacidad de amar como la gran enfermedad,
como la gran plaga engendrada en lo humano,
por lo humano.
Eso que, si no logra contener, curar, terminará destruyéndolo
en el fuego insípido de la frigidez.
Antes de que se Apague el Sol
Apartaré de mí todas las tinieblas,
las dejaré caer como ropa sucia, vieja.
Las dejaré caer como a costras resecas, malolientes.
Así, desprovisto de toda prevención,
de todo resentimiento o rencor,
de todo deseo vano
iré ascendiendo desde todos mis rincones,
iré subiendo hacia lo más alto,
hacia el centro de la luz y el calor,
abriendo cada uno de mis poros
para respirar la luz con todas mis fuerzas.
Subiendo para repetir aquél ritual de los comienzos,
ese que festeja la vida. La celebra.
He comprendido,
que soy tránsito y deslizamiento,
que soy una forma destinada a perderse,
por eso he cuidado de despojarme
de cualquier rastro de tinieblas,
de toda tristeza,
de toda pesadez.
De todo aquello que no ame
o haya amado de verdad.
Mi momento es éste.
No existe más tiempo que éste
en el que dentro de muy poco
comenzarán a estirarse las sombras.
Necesito ponerme de pie una vez más,
enderezarme a lo largo de toda mi dignidad,
reírme de toda esta puesta en escena,
reírme hasta vaciar todas mis lágrimas
y develar el más recóndito secreto,
ese que demuele la idea de que somos una distancia,
un algo acabado antes que un boceto,
una forma y no una sombra más antes de la llegada ocaso,
antes del silencio, la caída y esa aparente quietud.
Antes del regreso, del salvador,
del cálido y acogedor regreso a casa.
Enrique 27/12/08 |